29.12.14

Mágicamente, Martina.


- También soy una gran embustera. 
- La mayor que he conocido en mi vida.


Yo era un mago sin más aspiración que los pocos trucos que como ilusionista desempeñaba en la Vía del Corso. Jugaba con las palabras hasta conseguir lo que deseaba, pero ya se sabe que el deseo culmina con la posesión. Esto me impedía ser feliz. Y así pasaban mis días.

Recuerdo que aquella mañana estaba yo sentado en una plaza ejerciendo mi labor cuando la vi. 
Tenía el cabello por la cintura y se contoneaba de un lado a otro atravesando las miradas de los más curiosos.
Dejé a un lado lo que estaba haciendo para dedicarle lo que mejor sabia: el don de la palabra.
Crucé con ella no más de cinco, pero Martina que así se llamaba, pudo entender que no era yo más que un ilusionista buscando un poco de ilusión.
Siempre había utilizado esta magia, la elocuencia, con el fin de persuadir: embaucar a mujeres, tener éxito en los negocios, ser el más alabado…
Llegando a creerme único en una sociedad banalizada. Pero sencillamente sin pretenderlo me había hecho completamente dependiente de la opinión de los demás, que solo me conocían por las pocas palabras que, aunque seleccionadas sin desdén, empleaba con todo aquel que me cruzaba.
Pero aquella vez era diferente, y lo comencé a saber con el paso de las semanas. 
Era una mañana de domingo, y despertó con la luz entre las persianas pensando en comprar una cortina violeta para tener una luz rojiza en aquella ordenada habitación. 
Estaba llena de fotografías antiguas y un póster de Audrey Hepburn y Gregory Peck justo encima de la cama repleta de mantas.
Martina tenía la cualidad de despertar de buen humor. Era extraño como afrontaba el día de la mejor manera, su lado más positivo le visitaba en ese momento y lo enfrentaba como una nueva aventura: dispuesta a luchar contra todo para conseguir lo que se propusiera.
      Mientras se desvestía me contó que uno de los símbolos que más le identificaban era una brújula. Me pareció curioso su tatuaje en el costado que reflejaba un artilugio familiar. Entonces, dijo: muchas personas se dejan llevar por direcciones, sin saber que no hay una más correcta y exacta que donde tú quieras llegar.
Y comprendí el significado de aquella brújula, la de Jack Sparrow, la de una Martina ilusa, soñadora pero también ambiciosa.
De esta manera, descubría las sorpresas que guardaba esta chica.
Una parte de ella estaba repleta de esperanzas y sueños, y tenía un brillo que le hacía ser alguien especial. Irradiando magia como el mejor de los magos, algo que le hacía vivir los momentos más alucinantes con el control de su propia mente. Un hechicero que cambiaba el transcurso de algunas situaciones con un único conjuro: su buena actitud. Logrando en ocasiones ser escapista de las más arduas ataduras y cadenas imposibles de quebrar.
     Así, yo pensaba que todo era seguridad y confianza en ella misma, pero a veces, en la oscuridad aparecían sus peores demonios, y su conducta hedonista se distinguía entre velas y suspiros. Y permanecía horas y horas entre los dos, en un mundo de tentaciones que ella misma provocaba con picardía envuelta en miradas y amplias sonrisas que denotaban que buscaba algo más que besos apresurados en terrazas con encanto incomparable al suyo.
Puede ser que la combinación de mis palabras y su control fuera lo que hiciera de nosotros que aquella fantasía lograra ser el más real de mis sueños.
Yo nunca había sentido que había algo que no podía conseguir. Pero ahí estaba ella, tan imprevisible, tan diferente, que en raras ocasiones podía adivinar que era lo que estaba pensando. Era una incógnita que solo dejaba resolverse por fascículos.
Y en esa situación me encontraba yo, un encantador de palabras. Jugando a un juego tan diferente, que me llevaba a cuestionarme todo lo anterior. 
Sin saber aún quién iba a salir perdiendo, yo intentaba, como buen italiano, ser  un buen amante con mis trucos, con aquella retórica que había dejado de ser un engaño para convertirse en una manera de expresar esta fantástica realidad. 
Martina, que dulce podías llegar a ser con cada detalle. Con aquellos ojos verdes, que escondían además de el mejor de los tesoros, debilidades.
Si preguntabas por ella, solo hablaban de sus cualidades, de su independencia, de su libertad.
Pero con el paso del tiempo descubrí que era todo una máscara, tras la cual se escondían tantas inseguridades como las de cualquier ser humano.

Pero sin duda el día que más recuerdo ahora acostado en esta fría habitación es aquel que pasamos tomando una copa de vino en Piazza Navona, y me confesó que necesitaba el cambio que esta ciudad le había ofrecido. 
Los momentos no se eligen, los momentos te eligen dijo con determinación cuando le pregunté si creía que Roma era el lugar adecuado para encontrar el amor. 
Lo recuerdo tanto porque fue el principio. El principio del fin de toda cordura, de la locura, del tiempo como lo conocemos, ¿cual de los dos realismos era el realista? 
No había sabido decirme si Roma era el lugar para el amor, pero sí me dijo que para encontrarse a uno mismo, y eso al fin y al cabo era, el primer paso para encontrar el amor.

6.11.14

Maravillosa mente

Madrid se fue cubriendo de otoño pero hacía tiempo que el invierno se había apoderado de él.


Tenía frío. 
Los ojos secos.
La boca agrietada. 
Los pies helados. 
El corazón encogido. 
Los dientes tiritaban. 
La piel de gallina.
Decidió que necesitaba calor.
Entro en la bañera. 
El agua ardía, las velas brillaban con notoria intensidad.  
Y perdió la noción del tiempo.
Pensó y pensó.
Tanto que los recuerdos parecían, 
la más absoluta de las realidades 





Y cuando volvió, el agua estaba helada. 
Tenía la piel de gallina.
Sus dientes tiritaban. 
El corazón encogido. 
Y los labios rasgados por el frío. 
O por la cantidad de besos que había imaginado. 

Cerró los ojos, ya no los tenía secos. 
Debía afrontar aquella situación. 
El calor de esos inolvidables meses se había esfumado.
Y la distancia que les separaba, le helaba
Pero continuó un tiempo más. 
Le había visitado otro recuerdo y no quería dejarlo escapar. 
No quería abandonar aquella oportunidad de tenerle presente de nuevo. 
Continuaba con el sonido entre los dientes, temblaba. 
Pero ya no era invierto, tampoco otoño. 

Gratamente y entre escalofríos, el verano había vuelto con gran vivacidad. 
Un improvisado verano, que duraría la infinidad con la que rememoraba el olvido. 
Aquel olvido lleno de recuerdos, detalles, susurros, suspiros...

F r í o. . . 


Martina

25.10.14

Viajar en el tiempo es siempre fascinante.

La aglomeración vestía la ciudad en todo momento. El cúmulo de personas y sentimientos inundaban todos los rincones. Confundía a los viajeros incitándolos a no pensar con claridad.
Las prisas, la incertidumbre, el desbarajuste, producía una sensación que únicamente podía paliarse en aquel lugar.
Cuando llegamos estaba atardeciendo. Tal vez por esa razón creí ser partícipe del paraíso en aquel instante. La luz rosácea contrastaba con la vegetación verde, con las colinas y los acantilados vertiginosos.
Recuerdo que “Bohemian Rhapsody” inundaba mis oídos. Y en aquel instante decidí que aquella canción siempre me recordaría a ese momento.
Ahora la escucho y sonrío al pensar en Flavio y Nuria cantando a coro, como si aquella situación estuviese preparada de antemano. 

Así, con poca prisa llegamos al Pulmón de Italia. Dispuestos a respirar aquellos días con lentitud, saboreando las horas y las minutos, con la intensidad de quien disfruta de unos días de tranquilidad. 
Entonces me di cuenta de que hay oportunidades que surgen sin expectativas previas. 
Y de pronto apareces en un lugar donde el tiempo vuela, pero tú eres tu propio piloto. 
Y entre las nubes ves atardeceres, ves otro mundo tan diferente que no te deja indiferente. 

Pasaron los días coleccionando momentos y carcajadas. Y tuve tiempo para pensar. Aquel sitio permitía hacerlo con claridad. Reflexioné a cerca de la dicotomía asociada a los cambios: la lucha por aferrarte al pasado o renunciar a él. Es complicado empezar una nueva vida y dejar atrás todo lo que has cultivado durante veinte años.  Pero es cuando consigues vivir el presente, que al fin la determinación te recompensa. Vives experiencias tan nuevas, tan diferentes que nunca habrías imaginado que eso te ocurriese. Porque esas sensaciones son desconocidas para quien se queda en casa con lo puesto.
Pero la vida es valor, es enfrentarte a los problemas, o crearlos. Y vivir plenamente.

Recuerdo una noche que luego de cenar subimos por la sierra y accedimos a un camino. Un lugar que me habían descrito anteriormente. Que me había imaginado creando una imagen en mi cabeza, pero que no pensé que fuésemos a visitar.
Estaba todo oscuro, menos una pequeña plaza iluminada por unas farolas de luz cálida. En el parque habían unos columpios que hacían un ruido propio de las películas de terror. Yo dije que todo eso era un poco siniestro, pero ¡a quién quiero engañar! Estaba ilusionada de pensar que allí estaba yo. Que tenía esa oportunidad y no quería desaprovecharla. Así que dejé el miedo a un lado y respiré profundamente. Encendí la linterna del móvil y caminamos por un sendero.
Las piedras se quejaban a nuestro paso, y un búho emitía su particular sonido.
Avanzamos durante un rato hasta que llegamos a un pequeño castillo en medio de la montaña. Era muy bonito, pero no era lo único que habíamos ido a ver allí.
Miré hacia el cielo y vi con total claridad aquellas estrellas que me dejaban maravillada. Nunca en mi vida había visto que brillasen tanto. Que se pudiese diferenciar con tanta precisión las diferentes constelaciones.
Me acuerdo que durante mi infancia a veces las observaba. Durante horas, tumbada en un colchón imaginaba como serían de cerca. Y esperaba a que una fugaz me sorprendiera y poder pedir un deseo.
Pero aquel día no esperaba. No necesitaba ver ninguna porque aquella noche se estaba cumpliendo uno.
Abrí una aplicación con el móvil que  me informa de las distintas fases lunares y puse el mapa estelar. Intentando diferenciarlas, se acabó la batería, ¡vaya por Dios! Y en ese momento Giulio dijo que había estudiado algo de astronomía. 
Me fascinó el conocer a alguien por fin, que pudiera enseñarme sobre esos temas. Y comenzó a explicar donde estaba Orion, Marte… 
No sabría decir cuanto rato pasó, pero escuchamos unos ruidos que venían del castillo. Y no pensamos que fueran espíritus de la edad media manifestándose por nuestra intromisión a su pequeño paraíso, pero decidimos que era el momento de volver a otra realidad.
Así que emprendimos de nuevo aquella senda, que separaba mundos tan diferentes, tan alejados como los años que habían transcurrido. Pero ellas seguían en el mismo lugar, alumbrando las vidas de millones de personas, durante miles de años.
     Eternas olvidadas, nunca más recordaré aquel lugar sin vosotras. Sin aquel brillo que únicamente se puede apreciar en aquel lugar, Cibottola, eres uno de mis lugares favoritos.


Martina.


2.10.14

I. Rome

Aquella mañana caminaban. Corrían entre el tumulto de la gente por aquella maravillosa ciudad.  
Llegaban tarde a la estación Colisseo. Pero, ¿qué importaba el tiempo cuando tienes tantos meses por delante?
Escuchaban aquella canción, Rome de Poenix, mientras Martina se recogía el pelo con un movimiento lento, como si le gustase que le mirase con detenimiento. 
Habían dejado Termini atrás y quedaba poco tiempo para confesarle que sentía miedo. Tan atroz y destructivo que le ardía el cuerpo al pensar que podía perder a aquella chica tan indispensable en sus días. 
Su excéntrica manía se había acrecentado con el nerviosismo de expresar, al fin, lo que tantas semanas llevaba guardando.
Inconscientemente, daba golpecitos a la barandilla de metal del vagón con una moneda. Tin. Tin. Tin.

Es el momento, pensó mientras le dedicaba una mueca parecida a una sonrisa.
-Martina, quería hablar contigo.
-Vale, pero ponte de pie, solo nos queda una parada para bajar.
En ese momento pensó que lo que había estado toda la noche pensando no tenía la mayor relevancia. Estaba de más preguntarle si iba en serio con el italiano. Porque la respuesta iba a ser contundente. Ella era de esas chicas que no daba explicaciones a nadie, era libre. Tan libre como las gaviotas de aquella playa donde la conoció. Justo antes de saber que los dos iban a emprender una nueva aventura el año siguiente en la misma ciudad.

Aquellos días quedaron atrás, como su pelo moviéndose al son de la brisa, como aquel moreno dorado y aquellas horas erizando la piel bajo la luz de la luna.
-¿Qué querías?.
-Ah no era nada, solo que luego del Colisseo me gustaría que fuésemos al Foro Romano y viéramos lo que queda de la Roma antigua.
-Bien.
Y subieron por aquellas escaleras mecánicas, salieron por las barreras de control y Pablo se quedó con aquel miedo metido en los huesos. Martina seguía jugando con su pelo, y de fondo se escuchaba el sonido. Tin. Tin. Tin. Un eco estridente que Martina ya no escuchaba.
Porque Pablo hubiese podido hacer todo el estruendo posible. Pero ella había ensordecido. 
Hay veces que las personas correctas se presentan en el momento equivocado. Otras, sin embargo es el momento adecuado pero la persona no es la correcta. Pero te dejas llevar. Porque quieres vivir en un sueño y volar libre y vivazmente. 
Pero de repente despiertas y mirando al horizonte se presenta otro rostro. Otra sensación que nunca antes habías vivido. Y no era ningún italiano, ni aquella bella ciudad. 



El mundo es cambiante, y lo hace de una forma tan dinámica que no puedes permitir que el miedo te paralice. Porque no hay mayor enemigo que alguien que coarte tu libertad. Así que corre, toma la oportunidad y cambia lo establecido. 
Suerte, azar… No nos equivoquemos, no hay nada como saber que lo conseguido es por propio mérito, así que no esperes el momento. Camina. Corre entre el tumulto de la gente. Busca tu propio destino. Pero lo más importante. Encuéntralo.

29.8.14

¿Y si soñar me lleva a tu sonrisa?


Para qué nada nos separe que nada nos una. Pensaba mientras ideaba un último intento antes de este intenso verano.
Los caminos a veces se cruzan, y nos confunden. Crees que todo lo que buscas es lo que ofrece una persona.
Esa mirada que hace perder la noción del tiempo. Ese tiempo perdido con tigo y con migo.
La cuenta atrás se acerca, ves despedidas, sueñas con aviones, con un nuevo destino a miles de kilómetros.
Pero cierras los ojos y te invade el rostro de lo que te ha faltado conseguir.
Todas esas palabras, que nos dijimos y que se desvanecieron como la luz de un atardecer. Porque los atardeceres en verano están infravalorados. Son tan espectaculares como la sonrisa que se escapa cuando te miro fijamente y sonrío.
Es inevitable no contagiarme.
Así que te recuerdo y pienso, ¿por qué no intentarlo una última vez?
Estas noches se acabarán y yo me iré.
Y decidí que era la hora. De mostrarme así, como sólo yo misma era. Sin más preámbulos,  sin rodeos. Porque yo no estaba hecha para verdades a medias, para la apariencia. Simplemente para ser yo.
Y di un último paso en aquella dirección. Si me había equivocado tendría que recorrer un buen trecho hasta volver al punto de partida, pero ya se sabe que hay momentos en los que buscas experiencias que sólo el vértigo consigue ofrecerte.
Así que en este preciso instante, tu camino y el mío al fin volverían a coincidir. Con la certeza de que a veces las palabras no bastan, que debería mirarte a los ojos tan fijamente como aquella noche.
Y la magia y la química volverían a chocar como las olas al romper sobre las rocas, las miradas que parecían quedar en el olvido dejarían de ser recuerdo para ser la más absoluta de las realidades, y el roce de nuestros labios provocaría el mejor de mis atardeceres.


Entonces sería inevitable no contagiarme de nuevo, de esa sonrisa que pocos conocen, pero que yo ya tengo entre mis preferidas.

9.8.14

When so little means so much

No es un día más de este cálido verano en la costa Mediterránea.
Hoy hay luna llena, y le acompaña una rojiza luz. 
Las estrellas han desaparecido, la luna se refleja en el mar de sus pensamientos. 
Y comienza un castillo de fuegos artificiales que dispara cada pensamiento negativo, lo aleja y se pierde en el cielo. 

Tus ojos se llenan de luz de imaginar que vendrá luego. 
Las piscinas tienen uso mas allá de las 23 h
Las noches se vuelven largas, la playa es más viva por la noche. 
Los pájaros duermen, pero nosotros estamos tan despiertos. 
El universo solo permite que apreciemos esto unos pocos. 
Y aquí estamos tú y yo. 

El tiempo pasa, las horas parecen minutos.
Las conversaciones son infinitas, 
y de repente la oscuridad desaparece.
El amanecer brilla en sus ojos. Que se pierden. 
Pero no están perdidos. 
Están tan vivos que corren, vuelan, danzan. De un lado para otro. De arriba hacia abajo. 
Desde el faro hasta el puerto. 
Reflejando los mejores besos que he probado. 
Y nada más importa. 

El tiempo se ha relentizado y aunque la despedida se acerca, nosotros nos alejamos juntos con cualquier pretexto. Convertimos el suelo en poesía, y recorremos sin movernos el universo con cada verso, preguntándonos cuando volverá a amanecer de aquella deliciosa manera. 

22.6.14

Despertares de domingo



Caían unas pocas gotas, que se reflejaban en la piscina. El verano había comenzado con el peculiar aroma a azahar, invadido ahora por aquel olor tan característico de las tormentas de verano.
Me despertó la tranquilidad que desprendía la casa, y la canción que se escuchaba de fondo: Angel de Jack Johnson. 
Era domingo, así que pospuse el despertador unos minutos, que se convertirían en horas. La canción no cesaba, y decidí medio dormida, que cuando despertara la cambiaría.

Recordé los múltiples despertadores que había escuchado aquel año, las diferentes situaciones en las que me había encontrado, pero siempre, o casi siempre el mismo día de la semana: domingo.
Violento Amor de Pereza para ver una carrera de Motos a las 9 de la mañana.
Una canción preciosa que aunque había estado sonando cada domingo durante un año, desconocía el título.
El romántico despertar con La dansa del vestit de Txarango, tras las primeras paellas universitarias.
Amelie de Pereza, también representaba un buen despertar, con pequeñas sonrisas que nacieron un verano, pero que apagarían y darían paso a otro despertador.
El de una llamada, tras una noche al lado de un viejo amor, que solo confirmaba que la infinidad de la noche no dura  más que unas horas, y al día siguiente la magia se escapa con el sonido de un despertador, o de una llamada de una novia preocupada.

Y volvemos a la realidad, y la diversión y la despreocupación se esfuman, y hemos de enfrentar un nuevo día.
He terminando odiando, cada una de esas canciones, aquella llamada.
Pero hay momentos en los que tú decides si quieres cambiar de canción o que esta permanezca sonando durante horas. No dependes de que alguien la repita o decida levantarse. Simplemente las decisiones vienen de tu mano, y pensándolo bien, Angel de Jack Johnson no está nada mal. Ni despertar en tu casa, con el sonido de la lluvia y el despertador de fondo, oliendo a verano.


7.6.14

Smart is sexy

No se conocieron en una discoteca, ni en la universidad. No fue en el metro que frecuentaban cada día. Ni en la ciudad de vacaciones a la que solían ir.
Si no en una entrevista en la que ella mostró todo lo que había ido cultivando durante años. Lo que nadie había visto, porque al fin y al cabo eran cosas imperceptibles que la discreción silencia.


Su belleza le cautivó, porque Mar era así, completamente natural. Pero no te equivoques, no hablo de su belleza física, si no de todo lo que abarcaba una mujer que había adquirido conocimientos más allá de lo que muchos creían. 
Estaba al día en la actualidad, se podía hablar con ella de infinidad de temas, mostrando una opinión madura y clara. Haciendo honor a los libros, revistas, periódicos, conferencias, reuniones, que le habían marcado desde prácticamente toda su vida.


Él no era una de esas personas que busca en una mujer un mero pasatiempo, un objeto con el que poder divertiste una temporada. Al contrario de lo que se pueda pensar, también existían esos hombres a los que les habían roto el corazón, pero Pedro no por ello perdió las razones de encontrarla.
Simplemente buscaba una compañera que le proporcionara estabilidad, confianza y razones. Todo lo que ella mostraba desde una perspectiva nítida, llana como era ella.



Y en la ambigüedad de la vida, las diferentes opciones, las distintas perspectivas, encontraron dos personas lo que andaban buscando, aún sin saberlo.
Desvelando así el inequívoco error en el que la sociedad se encuentra obstaculizada: pues existen esta clase de personas con una mente encantadora. Quien utiliza todo juicio para ser alguien feliz y afortunado. Conceptos que van unidos en cualquier escala.


Mar era todo lo que las mujeres que Pedro había dejado atrás no tenían. 
Pedro simplemente era lo que Mar necesitaba. Un complemento, un aventurero tan alentador que empujaba de lleno contra cualquier pero.
No era casualidad que se encontrasen en aquella entrevista. Las acciones que fueron escogiendo llevaban a un lugar, a un tipo de persona. 
Cuando nuestros principios guían nuestras acciones, te encuentras en el camino que tú mismo has creado. Y aparece alguien que te demuestra porque algunos no se quedaron. 
Tal vez no lo comprendieses en su momento, pero ahora te das cuenta de que toda espera tiene su recompensa. 
Y que la tuya, ha llegado en forma de nombre y apellidos.
La fortuna de cada uno no es siempre un simple valor monetario, ya que en el balance de tu vida te das cuenta de que la calidad de vida muchas veces se ve reflejada por la calidad de las personas a tu lado.



25.5.14

Feel the pain






Sin saber que era la última vez,
me mirabas a los ojos en aquel áspero sofá.
Todo era arisco a comparación de tu piel.
Tus manos, subían y bajaban.
Danzaban por la pista de mi cuerpo.
Forzando un despegue hacia puntos turbulentos.
Accionando algo incontrolable.
Entramos en un terreno pantanoso.

Pero las carcajadas se desvanecieron,
como la nieve cuando llega el buen tiempo,
como la ola que choca contra las rocas,
Tu mirada se oscureció.
Me perdiste de tus pensamientos.
Me hiciste ser una mera pasajera.


Y te marchaste.
Para siempre.
El amor no entiende de razones.
Simplemente elegiste.
Sin explicaciones.
Te esfumaste con tus promesas.
Y yo me propuse olvidar cada recuerdo.
Pero ya puede pasar el tiempo,
que yo sigo pensado que no estamos solos,
que vas a volver.
Y mientras tanto te escribo,
para recordar que no hay última vez,
que no estrellamos,
porque las colisiones duelen
y yo no siento nada.





17.5.14

Sobre decisiones vertiginosas


¿Cuándo estás ascendiendo y cuando in crescendo? 
Las relaciones son de lo más complicado. Sobre todo cuando las dudas te acribillan y controlar el miedo a perderle es prácticamente imposible. 
En este punto, el agobio comienza a oprimirte y la cordura desaparece. La forma de actuar es completamente ilógica y ni ellos mismos se reconocen. 
Y esto Sofía lo sabía muy bien. 
El último detalle que había recibido era "El beso" de Klimt en versión vinilo. Con una frase en el dorso que decía algo como "siempre a mi lado". 
De este estupendo regalo hacía meses. Y en este tiempo había escuchado una serie de comentarios que dejaban mucho que pensar acerca de quién era realmente su pareja. 
¿Y si vivía en una mentira? ¿Y si era cierto y él tenía una vida paralela? 
Todas estas ideas hicieron que Sofía necesitase la independencia que él no le daba. 
Lo cierto es que ella odiaba el control, era más como un alma libre que necesita amor, no rutina. 

Él, por el contrario, era todo calma, seguridad y sobre todo cero cambio. No le gustaban aquellos altibajos, es más, no le gustaba nada que saliese de lo común en su día a día. Roto por la idea de no poder hacerla feliz, se dejó ir, cada día un poco más. Nunca había sentido nada como aquello. Pasaba horas y horas en el trabajo o deambulando por las calles para no verla de nuevo, tenía tanto miedo... que fue incapaz de volverse valiente.

Esta era la estúpida rutina, de dos locos, enamorados, en su día más de la cuenta, y ahora, cuentan cada minuto que están cerca del otro, porque les parece demasiado. Seguían siendo lo que todo el mundo quería que fuesen, un par de extraños que compartían cama, vida, y algún que otro suspiro. Pero hace tiempo que los sueños se esfumaron, los besos se perdieron, y aquellas palabras, las que sellaron su amor, se fueron diluyendo en el tiempo, arrastradas por las mentiras para no quererse, que cada día se lanzaban. Mentiras piadosas, escondidas, verdades, que solo retrasaban aquel final anunciado. 

Sofía apenas le miraba, él, casi ni la rozaba. Así es como el principio del fin, comienza. Sus labios sellaron el último adiós, el más dulce final para un punto y seguido bastante amargo. Una despedida sutil, sin poder sospechar que se perdía para siempre el momento de disipar cada una de las dudas. Así acabó todo, sin explicaciones, sin llantos, sin un último suspiro, simplemente hizo falta una mirada para saber que la felicidad se había esfumado. 

Entonces, Sofía llenó la maleta de desilusión, de regalos que ahora no tenían la menor importancia, de años perdidos, de incertidumbre, de recuerdos agridulces, de viajes que nunca harían a Roma, París o Estambul, de promesas rotas, de desamor.
Y le dejó a Él en aquella casa que ya ni hogar era. Pues sólo quedaban unos cuantos muebles, y nada que dar sentido a una vida estancada en la más profunda rutina.
Sofía era una de esas que se habían armado de valentía para cumplir un simple sueño: ser feliz. Y estaba dispuesta a todo por conseguirlo. 
Era una de esas pocas que no se quedaban ancladas en el pasado, tomaba decisiones precipitadas, seguía los impulsos del corazón, y esta vez le decía que hacía tiempo que había dejado de soñar y ese era el principal motivo para haber dejado su sueño a un lado.

El vértigo y la libertad algunas veces van unidos, y llegan a un camino: la felicidad. 







Escrito por Miguel y Martina

12.5.14

Martina

Martina no tiene una vida constante, ¡nada de eso! Es una montaña rusa donde las emociones y los sentimientos son incontrolables. Ella, simplemente se limita a permanecer en el vagón y admirar el ascenso, riendo y sintiéndose plena e independiente.
Sin embargo, pronto llega la caída, y ella poco puede hacer más que gritar y abrazar a quien tiene al lado, para sentirse protegida. 
Impregnada de unas palabras que susurran caridad, y unas miradas de compasión. 
Unos días en los que hasta el sol más brillante se torna en un gris tan oscuro como la noche en las que parece vivir desde que cualquier motivación se ha marchado a modo de cohete. Audaz y tan veloz como la velocidad de la luz. La que desapareció con el sonido de su risa.
Los trenes pasan, las oportunidades se desvanecen, las personas cambian, y de repente, estás sola en una casa donde lo único que da vida es el retazo de un buen libro. 
La apatía reina y ni el arroz al horno ni ningún mensaje te hacen revivir. Porque recuerda, estás en declive y esto solo acabará cuando llegues al final.
Y tal vez, algún día sea capaz de bajar del vagón y controlar qué producirán cada una de sus acciones. 
Mi apreciada Martina, no has de querer a quien no se quiere. Algunas personas están solas porque construyen muros en lugar de puentes...


¡Os dejo este video de Ferreiro y Rubén Pozo!







"alargarnos la sonrisa, sacudirnos la distancia      y poder burlar al tiempo... "

22.4.14

Happiness


Dicen que compartida la vida es más. Y cuánta razón tienen, porque la felicidad llega cuando te das cuenta de que es lo único que se multiplica cuando se divide.


No tengo claro si viene en pequeñas dosis o es un estilo de vida, pero he de decir que no hay mayor felicidad que hacer feliz a alguien. Que la risa se contagia, genera endorfinas, la llamada hormona de la felicidad, hace que el dolor desaparezca y todo se vuelva más agradable.
Y es tan positiva, que cuanto más se da más le queda a uno. ¿Habéis experimentado alguna vez esta sensación?
Ser el motivo por el que alguien no deje de sonreír. Hacer de un día algo mágico o aportar un poco de magia todos los días.
Cantar tu canción favorita como si de la banda sonora de tu vida se tratase, y de acompañante aquella vieja amistad. Una sonrisa repleta de complicidad. Un regalo. El brillo en unos ojos sinceros.
La felicidad es equilibrio, y todo aquel que consiga aportártelo. 
Es una amistad verdadera. Sois todas y cada una de vosotras. 
La rubia, la morena, la pelirroja, la bajita. La que canta, la que escribe, la que me lee. La que no hace nada de eso, pero me da un abrazo y me dice Compta amb mi. La intelectual, la graciosa. La que iba para bellas artes pero se quedo en aeronáutica. La que da los mejores consejos, la que siempre quiere salir. 

Felicidad es tener mis propias estrellas particulares, aportando una pequeña luz, a veces difícil de apreciar, porque no es lo que más brilla, ni sobresale, y sólo algunas personas son afortunadas de encontrar lo que os diferencia. 
Pero si hay algo que se me da bien es encontrar lo que nadie puede ver. 

Felicidad es darse cuenta de que las relaciones son algo como los lazos; a veces cuando los dos extremos se distancian, la unión se rompe. Otras, sin embargo esa unión no se deshace tan fácilmente, por mucho que estiras y se distancian, parece haber un doble nudo, un trasfondo que lo impide a toda costa. Porque Queridas, sois la definición gráfica de una amistad que ni el tiempo ni la distancia lograrán destruir.

Sin lugar a dudas, felicidad es tener la suerte de disfrutaros con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Y como dicen, compartiendo la vida es más.

15.4.14

Cristales


 Y ella tan tranquila sin saber lo que venía, tan ingenua e inocente, pensaba que era plenamente feliz cuando ni siquiera era capaz de rozar tal sentimiento.

Entonces llegó  Él, un encuentro entre dos corazones que llegaron a hacerse inseparables. Un choque fortuito entre dos almas en el que ni la razón ni el sentido podían hacer frente, en el que la guía eran los impulsos, y en el que no había manual escrito en la faz de la tierra que pudiera dar consejo u orientación a tal sentimiento.

 Una unión tan fuerte que no se ha creado arma capaz de destruirla; un choque tan desconocido que no fuimos capaces ni de darnos cuenta de lo que sucedía hasta que nos vimos destrozados, como pura chatarra en el desguace o como se rompen los cristales al lanzarlos al vacío.

 Y es que olvidamos que los choques duelen, que queman, que amargan...lo olvidamos justo en el momento en el que nuestro tren ya había salido y no había manera humana de pararlo.







Os dejo también este texto que escribimos las dos para La Tinta Vino 
http://latintavino.blogspot.com.es/2014/04/estrella-invitada-anticiclon.html