No diría que se para el mundo, pero si el mío particular.
Cuando sonríes haces que todos los problemas desaparezcan de un plumazo, y es
que transmites mucho con tus pequeños detalles. Tu mirada clavada en la mía
hace que no hagan falta palabras, pues con la complicidad sola nos sobra.
Me basta con cerrar los ojos para mirarte. Me has bastado
tú para enseñarme que lo verdaderamente valioso no es perceptible a la vista,
sino que son esos sentimientos que habían encerrados en una armadura que poco a
poco estás consiguiendo destruir.
Contigo he aprendido que la atracción no es amor, pues el
amor va mucho más allá. Compenetración y complementariedad aparecieron de la
nada para mostrármelo. Para mostrarme que los demás son similares, pero tu eres
mi sol entre todas las estrellas. Que hay cualidades que enamoran más aún que
tu belleza, pues tu intelectualidad atrapa cada uno de mis sentidos haciéndome
presa de tu locura y tu impredecibilidad, que a más de una le vuelve majareta.
Pero no es mi caso, pues el desequilibrio ya era mi particularidad.
