Llegaban tarde a la estación Colisseo. Pero, ¿qué importaba el tiempo cuando tienes tantos meses por delante?
Escuchaban aquella canción, Rome de Poenix, mientras Martina se recogía el pelo con un movimiento lento, como si le gustase que le mirase con detenimiento.
Habían dejado Termini atrás y quedaba poco tiempo para confesarle que sentía miedo. Tan atroz y destructivo que le ardía el cuerpo al pensar que podía perder a aquella chica tan indispensable en sus días.
Su excéntrica manía se había acrecentado con el nerviosismo de expresar, al fin, lo que tantas semanas llevaba guardando.
Inconscientemente, daba golpecitos a la barandilla de metal del vagón con una moneda. Tin. Tin. Tin.
Es el momento, pensó mientras le dedicaba una mueca parecida a una sonrisa.
-Martina, quería hablar contigo.
-Vale, pero ponte de pie, solo nos queda una parada para bajar.
En ese momento pensó que lo que había estado toda la noche pensando no tenía la mayor relevancia. Estaba de más preguntarle si iba en serio con el italiano. Porque la respuesta iba a ser contundente. Ella era de esas chicas que no daba explicaciones a nadie, era libre. Tan libre como las gaviotas de aquella playa donde la conoció. Justo antes de saber que los dos iban a emprender una nueva aventura el año siguiente en la misma ciudad.
Inconscientemente, daba golpecitos a la barandilla de metal del vagón con una moneda. Tin. Tin. Tin.
Es el momento, pensó mientras le dedicaba una mueca parecida a una sonrisa.
-Martina, quería hablar contigo.
-Vale, pero ponte de pie, solo nos queda una parada para bajar.
En ese momento pensó que lo que había estado toda la noche pensando no tenía la mayor relevancia. Estaba de más preguntarle si iba en serio con el italiano. Porque la respuesta iba a ser contundente. Ella era de esas chicas que no daba explicaciones a nadie, era libre. Tan libre como las gaviotas de aquella playa donde la conoció. Justo antes de saber que los dos iban a emprender una nueva aventura el año siguiente en la misma ciudad.
Aquellos días quedaron atrás, como su pelo moviéndose al son de la brisa, como aquel moreno dorado y aquellas horas erizando la piel bajo la luz de la luna.
-¿Qué querías?.
-Ah no era nada, solo que luego del Colisseo me gustaría que fuésemos al Foro Romano y viéramos lo que queda de la Roma antigua.
-Bien.
Y subieron por aquellas escaleras mecánicas, salieron por las barreras de control y Pablo se quedó con aquel miedo metido en los huesos. Martina seguía jugando con su pelo, y de fondo se escuchaba el sonido. Tin. Tin. Tin. Un eco estridente que Martina ya no escuchaba.
Porque Pablo hubiese podido hacer todo el estruendo posible. Pero ella había ensordecido.
Hay veces que las personas correctas se presentan en el momento equivocado. Otras, sin embargo es el momento adecuado pero la persona no es la correcta. Pero te dejas llevar. Porque quieres vivir en un sueño y volar libre y vivazmente.
Pero de repente despiertas y mirando al horizonte se presenta otro rostro. Otra sensación que nunca antes habías vivido. Y no era ningún italiano, ni aquella bella ciudad.
El mundo es cambiante, y lo hace de una forma tan dinámica que no puedes permitir que el miedo te paralice. Porque no hay mayor enemigo que alguien que coarte tu libertad. Así que corre, toma la oportunidad y cambia lo establecido.
Suerte, azar… No nos equivoquemos, no hay nada como saber que lo conseguido es por propio mérito, así que no esperes el momento. Camina. Corre entre el tumulto de la gente. Busca tu propio destino. Pero lo más importante. Encuéntralo.
